Apocalípticos vs. moderados: se radicaliza el debate sobre el euro

 

A medida que la crisis financiera avanza hacia
su desenlace, se radicalizan los comentarios de quienes creen que es el
fin de la moneda común tanto como los de sus acérrimos defensores.

Apocalípticos vs. moderados: se radicaliza el debate sobre el euro

 

A
medida que la crisis avanza hacia su desenlace, se radicalizan los
comentarios de quienes creen que es el fin de la moneda común tanto como
los de sus acérrimos defensores

 

Hace
muchos años atrás, una publicidad de cigarros mostraba el momento en
que Cristóbal Colón trataba de convencer a sus marineros amotinados de
que los estaba llevando a tierra firme y no al fin del mundo, hecho que
sucedió durante el primer viaje a América. En el aviso, Colón parece
haberlos convencido cuando inesperadamente el vigía grita desde lo alto
del palo mayor: “¡El fin del mundo!”. Cuando Colón se da cuenta de su
error, tranquilamente prende su cigarro y luego se ve al barco caer por
una catarata, señal de que habían llegado al final de la Tierra plana.

 

¿Se
está por caer el euro por el precipicio de su fin? Al igual que Colón y
sus marineros, las opiniones de los especialistas que se divulgan son
tan divergentes que darían la sensación de estar hablando de sucesos
distintos. Está claro que el euro está en crisis, pero todavía no es
100% seguro que se trate de una crisis terminal.

 

Del
otro lado del frente de combate, no obstante, hay un ejército de
funcionarios de alto rango (y varios especialistas) que defienden a capa
y espada la supervivencia de la moneda común y, parafraseando a Mark
Twain, parecen repetir como un mantra su célebre frase: “la noticia de
mi muerte es ligeramente prematura”.

 

El
problema es que en una zona euro en crisis, la mayoría de la gente
tiende a prestarle más atención a estas Casandras de las Finanzas que a
quienes tratan de llevar un mensaje optimista y tranquilizador.

 

Por
más que Christine Lagarde, Directora Gerente del FMI, se pregunte en
rueda de prensa, “¿acaso 2012 marcará el fin del euro? Mi respuesta es:
no lo creo. No es probable que la moneda desaparezca durante 2012”,
todos le prestan más atención al muy mediático Dominique Strauss-Kahn,
antecesor de Lagarde en el organismo. Desde China, el célebre DSK causó
bastante inquietud cuando comparó al euro con “una balsa que está a
punto de naufragar”.

 

En
esta guerra de declaraciones que se parece más a una escalada que a un
análisis desapasionado, los abanderados del campo “destituyente” son los
economistas Paul Krugman y Nouriel Roubini, convencidos de que el euro
camina hacia su desintegración. “Espero, por el bien de EE.UU. así como
el de los europeos, que ellos cambien de rumbo antes de que sea
demasiado tarde. Pero, para ser sincero, no creo que lo hagan. De hecho,
lo más probable es que los sigamos por el camino hacia la ruina”,
afirmó categórico el Premio Nobel en una de sus columnas del New York
Times. Para Roubini, “la zona euro ha estado negando el hecho de que
algunos de sus estados son insolventes, así como incapaces de sobrevivir
y crecer en una unión monetaria”.

 

Resulta
difícil contradecir estos pronósticos cuando los hechos van confirmando
las visiones más pesimistas, como por ejemplo la reciente degradación
de la calificación AAA de la deuda francesa o la pelea con Gran Bretaña
en la última cumbre.

 

En
la otra trinchera, el dúo Angela Merkel-Nicolas Sarkozy se esfuerza por
levantar la moral de sus tropas, aunque reconozca que la situación es
delicada. Para Sarkozy, la defensa del euro se volvió repentinamente
mucho más ardua, tras la rebaja en la nota de la deuda. En cambio, los
euroescépticos están de parabienes. Marine Le Pen, líder del partido de
extrema derecha Frente Nacional, acaba de disparar que “estamos frente
al principio del fin del euro y al fracaso total de la política
económica de Sarkozy, quien impuso el ajuste para salvar la triple A”.
Si se tiene en cuenta que faltan 3 meses para las elecciones
presidenciales en Francia, se entenderá que allí se esté librando en
estos momentos la batalla dialéctica más intensa por el futuro del euro.

 

Pero
el problema reside en que la escalada hace que se pierda objetividad y
riqueza en el debate, puesto que cada campo se esfuerza cada vez más por
defender sus posiciones. Del lado de los políticos y funcionarios
europeos que deben sus cargos a los votantes, no hay duda que se impone
una versión del “relato” que no puede ser alarmista. Sin embargo, no
queda claro en qué medida los economistas y analistas que anuncian el
fin del euro no están tensando la cuerda en demasía con sus comentarios
apocalípticos, tratando de que se cumpla aquello de las profecías
autocumplidas.

 

Pero
como las declaraciones son cada vez más duras y extremistas, no debería
sorprender que también afloren las acusaciones más temerarias sobre las
responsabilidades de la crisis. Como por ejemplo la que enunció hace
poco el escritor francés Max Gallo, quien acusó a EE.UU. y a Gran
Bretaña de buscar la destrucción del euro: “por un lado están el dólar,
que se puede emitir hasta el hartazgo gracias a la Fed y la libra
esterlina, que se beneficia con la política de compra de deuda del Banco
de Inglaterra, y por el otro el euro. Esta guerra, consciente o
inconsciente, refleja el deseo de destruir el euro por parte de los
anglosajones”. Mientras algún vigía no anuncie el fin de la moneda
común, los émulos europeos de Colón podrán seguir insistiendo con que la
tierra prometida está cerca.

 

El Cronista

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