El dilema: ajustar o evitar la explosión
Por Dina Kyriakidou y I. Melander | Agencia Reuters
ATENAS.-
Grecia tiene una larga historia de promesas hechas a sus acreedores,
reformas que luego no cumplió; esta vez no parece ser la excepción. El
fin de semana pasado, el Parlamento desafió las violentas protestas
callejeras y votó a favor de una mayor austeridad, pero es probable que
la plena aplicación de las medidas sea una tarea imposible, dadas las
divisiones políticas y la profunda inquietud social.
El
paquete de medidas, que incluye despidos del sector público, una
importante reducción del salario mínimo y de las jubilaciones, así como
aumentos impositivos, desencadenó la indignación y la furia pública y
fue una prueba para la voluntad de los políticos griegos.
Después
de décadas de usar los servicios públicos como botín político, las
autoridades también deben enfrentar la corrupción y la ineficacia que
ellas mismas estimularon, antes de estar en condiciones de poner en
marcha las reformas que sus acreedores exigen para entregar nuevos
fondos de rescate.
La
severa ley de austeridad es una de las condiciones necesarias para
asegurar el desembolso del segundo rescate y así evitar un caótico
default que sacudiría la eurozona y que llegaría después de dos años de
recortes salariales y aumentos de impuestos que han sumido a Grecia en
su peor recesión en varias décadas.
Los
prestamistas internacionales, el FMI y la UE, atribuyen el fracaso
hasta el momento del rescate a la lenta aplicación de las reformas
estructurales. Grecia ha votado reiteradamente en favor de medidas y
privatizaciones que nunca se materializaron. El gobierno aprobó tres
veces leyes destinadas a abrir las profesiones legal y farmacéutica a
nuevos practicantes, con la intención de conferirles mayor eficacia y
bajar los costos, sin resultados visibles, encolerizando tanto a los
reformadores como a los acreedores.
La
UE y el FMI ya expresan abiertamente su exasperación y se muestran cada
vez más reticentes a comprometer otros 130.000 millones de euros para
rescatar a Grecia, a menos que los partidos griegos respalden esas
medidas a largo plazo.
El
gobierno de coalición del primer ministro tecnócrata Lucas Papademos,
ahora apoyado solamente por los dos principales partidos, después de que
la extrema derecha se retirara negándose a votar a favor de la ley de
austeridad, no tiene mucho tiempo antes de las elecciones de abril.
El
partido conservador Nueva Democracia es favorito para las elecciones,
pero su triunfo no sería directo, con lo que existe el riesgo de una
parálisis aun mayor, mientras los partidos discuten la formación de una
coalición o la repetición de las elecciones en caso de fracasar. Todo
eso hará que el escenario político de los próximos meses sea inestable y
dificultará aún más la implementación de las duras reformas.
Muchos
analistas económicos dicen que la única manera que tiene Grecia de
mejorar su competitividad es abandonando el euro y devaluando su moneda,
porque dudan de que un rescate pueda estar en pleno funcionamiento para
fines de 2012.
Sin resultados
Las
reformas laborales y sociales tardarán años en mostrar resultados, y un
ambicioso programa de privatización de 50.000 millones de euros no ha
dado resultado, mientras los inversores se mantienen lejos de Grecia,
azotada por la crisis.
El
voto del domingo a favor de una nueva oleada de austeridad fue una
señal de que los políticos advirtieron que deben hacer un serio esfuerzo
para enfrentar la crisis. Pero también deben asimilar la ira popular,
evidente no sólo en la juventud furiosa que se ensañó con cerca de cien
edificios la noche del domingo, sino que cunde cada vez más entre
comerciantes y funcionarios que también salen a protestar.
Aunque
el gobierno dice que espera las primeras señales de crecimiento para
fines de 2013, después de cinco años de recesión, el desempleo subió a
índices récord y el número de mendigos y de personas sin techo en las
calles de la capital creció visiblemente. Con uno de cada dos jóvenes
desempleado y cada vez más familias que se las tienen que arreglar con
un solo salario recortado, el descontento social, sin dudas, se hará
explosivo.
La Nación – Traducción de Jaime Arrambide